Casi un tercio de la red vial en Arequipa está en riesgo alto por inundaciones

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🔵Cuando una carretera queda parcialmente inhabilitada, se interrumpe la cadena de transporte: los camiones que trasladan alimentos y otros bienes no pueden completar sus rutas, y los buses que movilizan pasajeros deben suspender sus viajes.

Las lluvias han vuelto a poner en tensión la conectividad vial de Arequipa. Las precipitaciones recientes han provocado deformaciones y baches en distintas carreteras, comprometiendo la seguridad de las personas y su transitabilidad. Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), 2,929 kilómetros de la red vial regional se encuentran en riesgo alto de inundaciones, lo que representa casi un tercio del total de vías del departamento, lo que equivale a casi un tercio del total de vías que tiene Arequipa.

“Las lluvias intensas pueden causar anegamiento y deterioro de las carreteras, dificultando la circulación y aumentando el riesgo de accidentes. Esto es especialmente grave en los tramos sin pavimentar, donde la falta de asfalto hace que el suelo se sature de agua, pierda firmeza y se convierta en barro. Estas condiciones pueden volver las vías intransitables y afectar tanto el traslado de personas como el transporte de productos”, explicó Franco Saito, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).

De hecho, según informó el Cenepred, 652 kilómetros de la red vial en Arequipa registran mayor susceptibilidad a este tipo de desastres, una distancia equivalente a realizar una vuelta completa entre Arequipa y Tacna. Y, solo en febrero se identificaron 125 kilómetros de carreteras afectadas y ocho puentes dañados, de acuerdo con INDECI. Para mitigar la situación se han ejecutado acciones como limpieza de vías, retiro de escombros y drenaje de agua acumulada, apoyadas por retroexcavadoras y volquetes. Sin embargo, estas medidas, aunque necesarias, responden principalmente a una lógica reactiva, sin abordar de manera integral la prevención de futuros daños.

“En un contexto de lluvias intensas, el impacto económico se vuelve inmediato y visible. Cuando una carretera queda parcialmente inhabilitada o bloqueada por un deslizamiento, se interrumpe la cadena de transporte: los camiones que trasladan alimentos y otros bienes no pueden completar sus rutas, y los buses que movilizan pasajeros deben suspender o reprogramar sus viajes. Esta interrupción no solo retrasa el abastecimiento y encarece los costos logísticos, sino que también afecta directamente a productores, comerciantes y usuarios que dependen de esa vía para sus actividades diarias”, indicó el especialista.

Un episodio ocurrido en Caravelí lo evidencia. Tras lluvias persistentes en el distrito de Chala, un huaico descendió hacia la vía, arrastrando rocas y lodo que cubrieron la carretera y obligaron a conductores de vehículos particulares y de carga a detener su trayecto para evitar accidentes. Mientras algunos intentaron desviarse por trochas alternas, otros permanecieron a la espera de maquinaria para despejar el tránsito.

Frente a ello, el especialista de REDES advirtió que la ausencia de drenajes pluviales adecuados, mantenimiento periódico y obras de contención convierte fenómenos previsibles en emergencias recurrentes. Cuando la gestión pública actúa después del daño, la recuperación se retrasa y la afectación se prolonga: las pistas se erosionan, los puentes pierden estabilidad y el tránsito se interrumpe con mayor frecuencia.

“En el caso de las pistas, es necesario priorizar medidas preventivas concretas como la construcción y mantenimiento periódico de drenajes pluviales y alcantarillas para evitar empozamientos, la limpieza constante de cunetas y sumideros, el sellado oportuno de grietas para impedir que el agua filtre y de…

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