🔵 El II Estudio de Salud Mental en Universitarios del Consorcio de Universidades aplicado a cerca de siete mil estudiantes de pregrado advierte que la mejora en la vida académica no ha ido de la mano elcon bienestar emocional, y subraya la necesidad de fortalecer la prevención y la atención en salud mental en toda la comunidad universitaria.
A casi seis años del inicio de la pandemia, la salud mental de los estudiantes universitarios en el Perú todavía es una preocupación urgente. Aunque el retorno a la presencialidad ha traído mejoras en la motivación académica y la satisfacción con la vida, los niveles de ansiedad, depresión e ideación suicida aún son alarmantemente altos. Así lo revela el II Estudio de Salud Mental en Universitarios del Consorcio de Universidades, realizado por la Universidad de Lima, la Universidad del Pacífico y la Universidad Pontificia Católica del Perú, y publicado en 2025.
El estudio, basado en una encuesta aplicada a 6978 estudiantes de pregrado, ofrece una radiografía actualizada del bienestar emocional de los jóvenes en un contexto pospandemia. Sus resultados muestran que el 37 % de los estudiantes presenta síntomas severos y extremadamente severos de ansiedad, mientras que el 29 % reporta síntomas severos y extremadamente severos de depresión y el 27 %, niveles críticos de estrés.Si bien estas cifras son ligeramente menores a las registradas en 2020, todavía son profundamente preocupantes.
Asimismo, el 41% de los estudiantes reportó altos niveles de satisfacción con la vida (muy satisfechos y altamente satisfecho), mientras que el 9% señaló encontrarse, en alguna medida, insatisfechos con la vida, sin embargo, los indicadores de ideación suicida siguen siendo alarmantes: el 34 % de los universitarios ha sentido que la vida no vale la pena, el 36 % ha deseado estar muerto y el 34 % ha pensado en quitarse la vida, aunque sin intención inmediata de hacerlo. Más grave aún, el 16 % llegó a considerar seriamente el suicidio o a planificarlo, y el 13 % reportó haber intentado quitarse la vida alguna vez.
De acuerdo con el estudio del Consorcio, los elevados índices de ansiedad, depresión y estrés entre los estudiantes evidencian la necesidad de replantear cómo se aborda la salud mental en el ámbito universitario. “Este desafío no corresponde únicamente a equipos especializados, sino que implica un compromiso compartido por todos los agentes que son parte de la comunidad universitaria: profesores, personal administrativo, servicios generales y seguridad. Por ello, implementar acciones de promoción y prevención en salud mental, junto con la detección temprana de dificultades emocionales, resulta fundamental para evitar que estas se intensifiquen y afecten el rendimiento académico, las relaciones sociales y la continuidad de los estudios”, señala Beatriz Canessa, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Lima y jefa del Departamento de Orientación Psicopedagógica.
Más bienestar académico, pero no emocional
El estudio identifica factores claramente asociados al malestar emocional. Entre los más relevantes destacan la somatización del malestar psicológico, la baja autoeficacia académica y las experiencias de violencia, especialmente psicológica. De hecho, el 35 % de los estudiantes reportó haber vivido violencia psicológica durante el último semestre, y el 11 %, violencia física. Asimismo, los hábitos de vida juegan un rol determinante. Dormir pocas horas, omitir comidas, consumir alimentos poco saludables y mantener rutinas desordenadas incrementan el riesgo de ansiedad y depresión. En promedio, los estudiantes duermen solo 6,2 horas al día, y menos del 38 % alcanza el mínimo recomendado para una buena salud mental, indica el estudio.
Algunos de los hallazgos positivos del estudio es que pese a los elevados niveles de ansiedad y depresión, el 54 % de los estudiantes percibe su rendimiento académico como bueno o muy bueno, mientras que el 38 % mantiene altos niveles de motivación por el estudio, lo que revela que muchos continúan cumpliendo con las exigencias académicas aun en contextos de fuerte desgaste emocional. “Estos resultados evidencian una paradoja preocupante: los estudiantes continúan ‘funcionando’ académicamente, pero lo hacen cargando altos niveles de ansiedad, depresión y desgaste emocional. Si esta situación no se aborda de manera oportuna, el costo para su salud mental y su trayectoria académica puede volverse insostenible”, sostiene Beatriz Canessa.
Brechas en la atención en salud mental
Otro dato crítico que destaca el informe es el acceso a servicios de salud mental. Aunque el uso de atención psicológica aumentó respecto a 2020, solo el 28 % de los estudiantes recibió algún tipo de apoyo en salud mental en el último semestre. Incluso, entre los estudiantes con indicadores severos de riesgo, una proporción importante no recibió atención especializada. Estas cifras reflejan una necesidad de atención psicológica no satisfecha, asociada a barreras como la falta de tiempo, el estigma, el desconocimiento de los servicios disponibles y la normalización del malestar emocional.
Un llamado urgente a la acción
En el marco del Día de la Lucha contra la Depresión, los resultados de este estudio constituyen un llamado urgente a las universidades, al Estado y a la sociedad en su conjunto. La salud mental no puede seguir siendo un tema secundario ni reactivo.
“Es imprescindible fortalecer las políticas institucionales de bienestar, capacitar a toda la comunidad educativa para identificar señales de alerta, implementar protocolos de intervención temprana y promover activamente una cultura de autocuidado, prevención y corresponsabilidad”, subraya la jefa del Departamento de Orientación Psicopedagógica de la Universidad de Lima. Finalmente, la especialista resalta que no es solo una tarea sanitaria, sino una condición esencial para garantizar su desarrollo, su permanencia en la universidad y su futuro como ciudadanos.















