Mauricio Turpo, coordinador de la Oficina de Proyectos y Transferencia de la Investigación · Universidad Católica San Pablo
La investigación científica, que surge de la necesidad de comprender aquello que se desconoce, ha permitido a la humanidad superar las fronteras del conocimiento y mejorar aspectos esenciales de la vida. Los avances tecnológicos en sectores como minería, construcción y manufactura dan cuenta de ello.
Para transformar ese conocimiento en soluciones y oportunidades de desarrollo, es necesario recorrer un proceso de maduración y evolución, apoyado en estrategias de innovación y propiedad intelectual. Este proceso, denominado transferencia tecnológica, busca tender puentes entre la investigación científica y las necesidades del sector productivo, el Estado y la sociedad.
En el Perú, las políticas y el financiamiento de la investigación promovidos por las universidades y el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) han contribuido al fortalecimiento de capacidades científicas y tecnológicas. No obstante, el desafío trasciende la generación de conocimiento: consiste en crear las condiciones para que sus resultados lleguen efectivamente a los ciudadanos.
Un ejemplo es MABIS, dispositivo médico desarrollado por la Universidad Católica San Pablo. Esta tecnología utiliza ondas de radar para identificar posibles anomalías mamarias y se proyecta como una alternativa para apoyar la detección temprana de esta enfermedad. Su portabilidad, potencial menor costo y automatización de reportes abren posibilidades de uso en establecimientos de salud de zonas alejadas, donde el acceso a equipamiento especializado es limitado.

Este dispositivo lleva seis años de desarrollo y escalamiento tecnológico y ha recibido reconocimientos internacionales en Chile y Japón. Sin embargo, surge una pregunta: ¿qué falta para que pueda llegar a la población peruana? La interrogante cobra especial relevancia hoy, 19 de octubre, cuando se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama.
La respuesta no se limita a superar barreras técnicas. Las innovaciones en salud requieren evaluaciones clínicas y validaciones sanitarias que garanticen su seguridad y desempeño. Su rigurosidad es indispensable, pero también lo es contar con procedimientos claros y articulados que permitan a investigadores y universidades conocer las exigencias y avanzar oportunamente hacia su cumplimiento.
En este contexto, la colaboración entre academia, Estado, empresas y sociedad resulta crucial. Una ruta regulatoria clara no implica flexibilizar estándares de seguridad, sino evitar que la incertidumbre administrativa se convierta en una barrera adicional para la innovación.
La emergencia sanitaria de la COVID-19 evidenció la importancia de fortalecer las capacidades tecnológicas propias del país y el papel de las universidades para responder a situaciones críticas.
Promover la transferencia tecnológica en salud es, por tanto, una tarea compartida. Si aspiramos a que la investigación universitaria contribuya a resolver los desafíos del país, debemos asegurar que las innovaciones encuentren un camino claro, riguroso y viable desde el laboratorio hasta la sociedad.














