El desempeño de la economía peruana ha tenido un impacto directo en los niveles de pobreza durante los últimos 15 años. Cuando el país crece, la pobreza retrocede; cuando la economía se desacelera o entra en crisis, millones de personas ven deterioradas sus condiciones de vida. Así lo explica el Dr. Patricio Quintanilla Paulet, rector de la Universidad La Salle y director del Instituto Peruano de Economía (IPE) Arequipa, tras analizar la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) y la pobreza monetaria en el Perú entre 2010 y 2024.
Según el especialista, el debate sobre si primero debe reducirse la pobreza para impulsar el crecimiento, o si es el crecimiento el que permite disminuirla, encuentra una respuesta clara en la evidencia peruana: el crecimiento económico sostenido ha sido el principal factor para mejorar el bienestar de la población.
El análisis identifica cuatro etapas marcadas. Entre 2010 y 2013, un contexto favorable de altos precios de exportación y fuerte inversión privada permitió que el país creciera a tasas de entre 8.5% y 5.8% anual. En ese periodo, la pobreza se redujo de 30.8% a 23.9%, una caída de casi siete puntos porcentuales en solo cuatro años.
El panorama cambió entre 2014 y 2019. Con un crecimiento promedio cercano al 3% anual, la reducción de la pobreza fue mucho más lenta, descendiendo apenas 2.5 puntos porcentuales en seis años.
La pandemia de la COVID-19 marcó un quiebre abrupto. En 2020, el PBI cayó 11% y la pobreza se elevó hasta 30.1%, incorporando a más de 3.2 millones de peruanos a esta condición. Aunque el “rebote” económico de 2021 permitió una recuperación parcial, los años posteriores volvieron a mostrar fragilidad. En 2023, los conflictos sociales llevaron a una contracción del PBI de 0.55% y la pobreza escaló nuevamente hasta 29%.
Para Quintanilla, los datos confirman que el crecimiento económico genera empleo, eleva los ingresos y fortalece la recaudación, permitiendo al Estado ampliar programas sociales. “Las cifras muestran que la reducción de la pobreza en el Perú depende, principalmente, de que la economía vuelva a crecer de manera sostenida”, señaló, destacando que las proyecciones para 2025 abren la puerta a una recuperación gradual del bienestar de las familias.















